 Bajo las tormentas eléctricas de París, el músico explica, ya fuera de la banda que hoy cumple 47 años. Mientras, escribe en trance y bebe vino, rito que repite desde los tres años para luchar contra la poliomielitis Revolcándose en la cama como un potrillo herido, la fiebre y el dolor de músculos del niño no dejan que la voz pida socorro. Tiene tres años y a oscuras, sudando y en soledad, el futuro tecladista de Los Jaivas agoniza como un guerrero. “Fue una batalla campal entre la vida y la muerte… y al borde de rendirme me hice el muerto. Puede que la dama de negro haya encontrado tierna esta ocurrencia…”, cuenta el músico que a la mañana siguiente fue encontrado por su madre en la casa de Quillota. Estaba marchito como un muñeco de trapo. “Me fue a despertar y no reaccionaba. Se enojó porque pensó que lo hacía de bromista, pero era que yo había estado luchando contra la poliomielitis”, dice.
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